Alteridad: Nuevo diálogo inmobiliario.

octubre 24th, 2015  |  Publicado en Crítica

 Michel Foucault:

 “No me pregunten quién soy, ni me pidan que siga siendo el mismo”.

 Andamos los “reflexionistas” del grupo de facebook reflexiones inmobiliarias, promovido por el agitador en esto de las ideas Domingo Pastor, dando vueltas y más vueltas  al poco novedoso pero ideal tema para hacer carrera política, participar en eventos y reunirse con la Administración , de la regulación en el sector inmobiliario. Y es que con este tema salen unos discursos que ahora que se avecinan las elecciones, mas los quisieran los encargados y jefes de comunicación de los partidos políticos. Aunque también es cierto, pueden provocar artículos como este, y debates tan interesantes como el promovido en el grupo.

La causa de ese  anhelo de regulación en el sector de la intermediación inmobiliaria considero  obedece a cierto complejo o déficit de identidad profesional vinculado al sentimiento de prestigio, reconocimiento social, etc;  por  eso andamos los inmobiliarios buscando una regulación que permita identificarnos en normas, o más bien que nos pongan en ellas por malas que sean, y nos otorguen formalmente un aura de  prestigio, reconocimiento , etc.  pero sobre todo y en definitiva de identidad y así, de paso,  diferenciarnos del resto o en lenguaje interno de los denominados”piratas”, que es el término  se empleaba antes de la liberalización del sector, y que se  resucita una vez considera uno ya esta dentro.

En los tiempos que corren pasar desapercibido, pues que quieren que les diga, es un fastidio, antes muerto que sencillo, y en este sector más porque se habla constantemente del sector inmobiliario y no aparecemos en noticias salvo excepciones, aparecen los Bancos, Promotores Constructoras, Fondos de inversión, etc. Sin embargo,   invertimos en nuestros negocios mucho dinero en marketing personal, tenemos probablemente las mejores tarjetas de visita del mundo, los mejores videos de promoción, marca personal, publicistas estupendos etc… pero a la hora de la verdad  los inmobiliarios tienen la  sensación de que si fuesen  en un barco que se hundiese diría el Capitán: “primero a los botes salvavidas los niños, ancianos, mujeres, médicos, ingenieros, arquitectos, cocineros, camareros, electricistas…… y luego el resto y los abogados…..”, y  eso nos hundiría antes que el barco, y no por ponernos junto a los abogados que también, sino por ponernos con el resto”.

Este complejo de identidad tenemos que superarlo de una vez, y en mi opinión  la regularización no va a ser la solución.  Sumaremos en su caso otra norma más al inmenso elenco de normas que se  hacen y no se cumplen, y un sello más en las tarjetas de visita o la web a los muchos  disponibles en la actualidad. No más regulación sin sentido, por favor.

Para superar ese déficit identitario propugno precisamente partir de la antítesis del concepto  identidad y  aplicar el de alteridad,  que no es otra cosa que la  capacidad para cambiar la propia perspectiva por la del otro o si lo prefieren, simplemente, ponerse en el lugar del otro que en nuestro caso es el cliente. A partir de ahí la idea es establecer relaciones basadas  en un nuevo diálogo, y digo nuevo por ser distinto al actualmente imperante en el sector de la intermediación inmobiliaria, donde se habla mucho de regulación y consumidor pero se hace poco.

Trataré de resumir esta planteamiento:

I.- El profesional lo es desde la perspectiva del cliente.

Este dialogo con nuestros clientes basado en la alteridad exigiría ser consciente que  somos agentes inmobiliarios desde la perspectiva del cliente, no desde la del profesional. Esta última es de consumo interno, no afecta, somos lo que perciben que somos.

El conflicto en la actualidad surge porque el cliente reconoce al profesional desde su perspectiva, y el profesional quiere ser percibido desde la propia perspectiva del profesional, buscando en la regulación un apoyo que justifique ésta. Ello es un error, en mi opinión,  porque la percepción del cliente no cambiará por eso, cambiará cuando cambie la manera de interactuar el profesional con él, la manera de relacionarse, cambie el dialogo entre el cliente y profesional, y entre los propios profesionales.  Un cambio normativo solo sería eficaz si afectase realmente a la manera de interactuar, y eso no va a ocurrir. Liberalización de servicios, libre competencia, etc, lo digo por si alguien está perdido.

Si el objetivo del profesional es  cambiar la percepción que tiene el cliente, lo que tiene que hacer es  precisamente ponerse en su lugar,” ponerse sus zapatos” y este cambio de ubicación en el tablero de juego supone el auténtico reto a nivel colectivo del sector, donde los profesionales se juegan no la profesión que existe y existirá por mucho tiempo,  sino la percepción que de esta se tiene, se juegan el presente y futuro de su incidencia en el mercado, al menos, en el nuevo ciclo que está por venir.

II. Credibilidad y reconocimiento social: la relación con el consumidor inmobiliario es una relación única, solo puede darse entre ambos.

Sin entrar a analizar cuestiones como la satisfacción de las necesidades y el valor añadido que aporta el profesional, que considero  en líneas generales es  alto, centraré mi comentario en el plano más deficitario,  el plano de los  derechos del cliente y que están vinculados a la temática de la regularización.

El usuario de servicios de intermediación inmobiliaria tiene un estatuto privilegiado y único, es decir, solo alguien que acuda  a un profesional inmobiliario dispone de tal grado de protección. Ahí es nada, como para no usarlo. Este estatuto que brinda al consumidor inmobiliario de esa protección privilegiada se articula por medio de dos ejes principales: en primer lugar el derecho  general e irrenunciable a recibir una información muy cualificada que responde a los principios de  veracidad, suficiencia y objetividad;  y en segundo lugar la seguridad jurídica de la que es acreedor el cliente y  garante el profesional inmobiliario,  mediante la adición a su actividad y servicios de una serie de garantías como son el seguro de caución, responsabilidad civil, etc.

La puesta  del profesional en el lugar del cliente implica que este exija el cumplimiento de este estatuto privilegiado en su relación, es decir, el profesional lo reconozca y fomente de manera real y efectiva.  Un estatuto que además es exclusivo del profesional inmobiliario porque  solo se va a dar en las relaciones del profesional inmobiliario con sus clientes,  o lo que es lo mismo, solo la ley va a otorgar al consumidor ese grado de protección   cuando adquiera un inmueble o realice  una transacción a través de un profesional inmobiliario. Este es el autentico sello de percepción de identidad que debería de darse, este es el rasgo que hace prestar al profesional un servicio exclusivo con respecto a otros operadores que están en el mercado y seguirán estando, guste o no (portales, porteros, bancos, etc.).

III. La autorregulación como elemento dinamizador y de transformación real.

La multitud de normas existentes hacen innecesarias para una cambio de percepción, más normas. Lo necesario es conocer y cumplir las existentes, ponerlas en práctica y utilizarlas como lo que son, un autentico elemento exclusivo y diferenciador del profesional, y para ello la fórmula de la autorregulación como mecanismo interno es imprescindible. Estas normas deben potenciarse y garantizarse mediante mecanismos de autorregulacion, deben provocar un nuevo diálogo.

La creación de buenas prácticas profesionales, el dar a conocer este estatuto privilegiado  cuyo  garante es el profesional provocará dos efectos: en primer lugar la mejora de la credibilidad y, por tanto, del prestigio y reconocimiento social; en segundo lugar  y consecuencia del anterior es  que el propio mercado por medio de la elección del cliente   “identificará” al profesional inmobiliario, y excluirá junto a los profesionales  a los competidores desleales que son  precisamente aquellos no garantizan el estatuto privilegiado del consumidor inmobiliario y, por tanto, dañan la percepción del profesional en la sociedad.Esta protección no podemos delegarla en el consumidor y sus asociaciones, los juzgados o la Administración, tenemos que liderarla y hacerla efectiva los profesionales por medio de buenas prácticas y códigos éticos exigentes, por medio de mecanismos reales, por medio de la autorregulación que supone supone la implementación de prácticas y mecanismos que defiendan basándose en el marco regulador vigente, los derechos del consumidor y del profesional, quienes   sin lugar a dudas constituyen una misma y auténtica comunidad de intereses, dentro de una economía libre y de mercado creada en todo el ámbito europeo.

En breve se irán introduciendo vía normativa para garantizar los derechos de los consumidores  nuevas garantías y nuevas exigencias para el ejercicio de la intermediación, no dejemos que caigan en saco roto como sucede en  realidad en Comunidades Autónomos donde ya están en vigor como Cataluña o Andalucía.El nuevo dialogo supone, por tanto,  decir las cosas haciéndolas, y no esperar que otros  (la administración o los propios consumidores) las hagan mientras nosotros decimos lo que hay que hacer.

 

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